“Ni ausente sin culpa, ni presente sin disculpa”
Refrán popular
La culpa es de la Vaca
Cierto país latinoamericano, gran
exportador de cuero y pieles finas a los Estados Unidos, comenzó a disminuir su
producción considerablemente, por lo que uno de sus clientes más grandes
contrató a un experto para investigar lo que estaba pasando.
El experto visitó a los
fabricantes y comerciantes de productos de cuero, y ellos dijeron que las
ventas habían bajado porque los precios eran muy altos y la cálida; “Nosotros
no tenemos la culpa; los materiales para trabajar ya no sean los mismos”.
Entonces, quiso averiguar la
razón y se fue donde los señores que trabajaban en curtir los cueros, ellos
dijeron: “Los cueros son caros porque en los mataderos, cuando sacrifican el
ganado, no tienen cuidado con las pieles ya que les interesa más la carne. No
le dan un buen trato a los cueros; ¡Nosotros no tenemos la culpa!”
El señor investigador se armó de
toda su paciencia fue a los mataderos y les preguntó: “¿Por qué los cueros
salen de aquí tan dañados?”
A lo cuál contestaron; “No es
nuestra culpa; el problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos para
las garrapatas y para los gusanos, y además hacen muchas marcar en las pieles
para que los ladrones no les roben el ganado, eso hace que las pieles salgan tan
maltratadas.”
El investigador se fue entonces a
visitar a los ganaderos a sus fincas y les preguntó: “¿Por qué las pieles de
las reses son tratadas de esta manera?”. Ellos contestaron; “No es culpa nuestra;
esas estúpidas vacas se restriegan contra los alambres de púas para quitarse
las garrapatas y aliviar así la comezón de las picaduras de los insectos”.
La conclusión del experto fue muy
simple: Los fabricantes de productos de cuero no pueden vender sus productos en
los Estados Unidos, ¡porque las vacas son unas estúpidas!
Tomado del libro “La Culpa es de la Vaca para Niños”
Jaime Lopera y Marta Inés Bernal
En este texto los autores nos
indican cómo el ser humano busca un culpable de sus errores, y pude culpar desde
a un animal, al horóscopo, al jefe, a los padres, al destino con tal de no asumir
compromisos. Nos desgastamos en echarle la culpa, muchas veces a alguien o algo
que prácticamente no tiene nada que ver con lo sucedido.
Ya es hora de asumir nuestros
errores y analicemos nuestro entorno, no sólo para quejarnos de lo mal que nos
va, sino para reconocer nuestra capacidad del cambio y encaminarnos a la mejora
de nuestras áreas de oportunidad.
Platicamos ¿Conoces alguna anécdota
o historia real que se parezca al cuento presentado?